Ciencia
Cómo se estudian los sueños en el laboratorio

Cómo se estudian los sueños en el laboratorio

Polisomnografía, despertares provocados, diarios y análisis de contenido, más la zona caliente posterior y la decodificación por imagen: métodos y límites.

Lo esencial
  • La polisomnografía registra actividad cerebral, movimientos oculares y tono muscular para clasificar las fases del sueño.
  • Los despertares provocados, incluidos los seriados, son la vía para obtener relatos oníricos ligados a un momento fisiológico concreto.
  • Francesca Siclari y colaboradores identificaron una zona caliente cortical posterior cuya actividad se relaciona con que el durmiente refiera haber soñado.
  • El grupo de Yukiyasu Kamitani decodificó categorías amplias de imaginería de inicio del sueño combinando resonancia funcional y aprendizaje automático.
  • Todo depende del relato de una persona recién despertada, y el propio laboratorio altera el sueño que estudia.

Una pregunta razonable después de leer el resto de esta sección: ¿cómo sabe nadie nada de esto? Los sueños son experiencias privadas, sin testigos, que se desvanecen en segundos y de las que solo queda lo que alguien recién despertado consigue contar. Que exista una ciencia sobre eso es en sí mismo un logro metodológico, y merece la pena ver de qué está hecha.

El instrumento básico registra simultáneamente varias señales: la actividad eléctrica cerebral mediante electroencefalograma, los movimientos oculares y el tono muscular, a lo que suelen añadirse respiración, frecuencia cardiaca y oxigenación. Con esas señales se puede clasificar minuto a minuto en qué fase se encuentra el durmiente. Fue esta combinación la que permitió el descubrimiento del sueño REM en 1953 y la que convirtió el sueño en un objeto medible. Lo importante es entender su límite: la polisomnografía dice en qué estado fisiológico está una persona, no qué está experimentando.

Obtener el contenido: los despertares provocados. Para saber qué ocurre por dentro hay que preguntar, y para preguntar hay que despertar. El procedimiento consiste en despertar deliberadamente al durmiente en momentos elegidos —al principio de un periodo REM, en pleno sueño profundo, tras un número determinado de minutos— y recoger inmediatamente su relato. Con despertares seriados a lo largo de una misma noche se obtienen varias muestras por sujeto, lo que permite comparar fases y momentos. Es el método que estableció que también se sueña fuera del REM, y el que permitió relacionar contenido con fisiología.

Recoger a gran escala: diarios y análisis de contenido. El laboratorio es caro, pequeño y artificial. Para estudiar contenido en volumen se recurre a los diarios de sueños y a las colecciones de relatos, analizados con sistemas de codificación estandarizados. El más utilizado es el de Hall y Van de Castle, que define categorías precisas para personajes, interacciones, emociones, escenarios y desenlaces, de modo que distintos codificadores puedan analizar el mismo relato y llegar a resultados comparables. Sobre esta base descansan la hipótesis de continuidad, las encuestas de sueños típicos y buena parte de lo que sabemos sobre qué sueña la gente realmente.

Dos hitos modernos. El primero desplazó el mapa. Francesca Siclari y sus colaboradores identificaron, mediante registros de alta densidad, una región posterior de la corteza —a menudo llamada la zona caliente— cuya actividad se relaciona con que el durmiente refiera haber estado soñando, con independencia de la fase en la que se encontrase. El resultado es importante porque separa dos preguntas que llevaban décadas confundidas: en qué fase se está y si se está soñando.

El segundo abrió una puerta que parecía cerrada. El grupo de Yukiyasu Kamitani combinó resonancia magnética funcional con aprendizaje automático para decodificar categorías generales del contenido visual de imágenes de inicio del sueño, entrenando primero el sistema con la actividad cerebral de esas mismas personas viendo imágenes despiertas. Conviene calibrar bien lo que esto es y lo que no: identifica categorías amplias con una precisión superior al azar en condiciones muy controladas y con entrenamiento individual previo. No es leer sueños, ni verlos, ni reconstruir escenas.

Los límites, que son la parte honesta. Todo este edificio se apoya en dos cimientos incómodos. El primero es que casi todo depende del relato de una persona recién despertada, con la memoria más frágil posible, que tiene que traducir a palabras una experiencia visual y emocional. Lo que se estudia no es el sueño: es el informe del sueño. El segundo es que el laboratorio cambia lo que pretende medir. Dormir con electrodos, en una cama ajena, sabiendo que te van a despertar, produce un sueño distinto —el llamado efecto de primera noche está bien descrito— y los relatos obtenidos allí incorporan a menudo el propio entorno experimental.

Esa es la razón de fondo por la que tantos artículos de esta sección hedgean tanto. No es prudencia estilística: es que el objeto de estudio es intrínsecamente difícil de alcanzar, y cualquier afirmación categórica sobre los sueños debería levantar la sospecha de que alguien se ha saltado este artículo.

Preguntas frecuentes

¿Se pueden leer los sueños con una máquina?
No en el sentido de ver o reconstruir escenas. Se han decodificado categorías amplias de contenido visual en imaginería de inicio del sueño, en condiciones muy controladas y con entrenamiento previo individual.
¿Cómo saben los científicos qué sueña la gente?
Despertando deliberadamente a los durmientes en momentos elegidos y recogiendo su relato inmediato, y analizando a gran escala diarios de sueños con sistemas de codificación estandarizados.
¿Qué es la zona caliente posterior?
Una región posterior de la corteza cuya actividad, según el trabajo de Francesca Siclari y colaboradores, se relaciona con que el durmiente refiera haber estado soñando, con independencia de la fase de sueño.
¿Se duerme igual en un laboratorio del sueño?
No. El llamado efecto de primera noche está bien descrito: dormir con sensores en un entorno desconocido altera el sueño, y es una de las limitaciones reconocidas de este tipo de investigación.

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En qué se basa

  • El uso de la polisomnografía y los despertares provocados en la investigación del sueño desde 1953
  • El sistema de análisis de contenido onírico de Hall y Van de Castle
  • Los trabajos de Francesca Siclari y colaboradores sobre la zona caliente cortical posterior
  • La investigación de decodificación de imaginería de inicio del sueño del grupo de Yukiyasu Kamitani

Este artículo es informativo y no sustituye el consejo de un profesional sanitario.